Soy de otra generación y, la verdad, este tipo de música no es la que suelo escuchar, salvo algunas canciones que mis hijos me comparten de vez en cuando. No me importa si el show fue el más visto del Super Bowl, ni si la dicción de Bad Bunny es perfecta o es un ruido, ni que algunas letras del pasado, a mi juicio, puedan resultar desagradables, ni cuántos premios ha ganado. Simplemente, es un estilo que no me llega.
Pero eso no me da derecho a insultar ni a pensar que mi gusto es mejor. No tengo la verdad absoluta, y mirar con desprecio lo que otros disfrutan me parece ignorancia. El siglo XXI no espera a quienes siguen pensando como en el siglo XX. Es un error tratar de entender el presente con ideas del pasado, como bien dice A. Espinosa; algo muy distinto a mantener nuestros principios.
Y aun así, sin entender buena parte de lo que se cantó, sentí la energía, los códigos, la identidad con lo latino. Ver a artistas apoyarse mutuamente y mostrar de dónde venimos, especialmente en el contexto político actual de los EE. UU., me movió; o como dicen ahora: “¡la rompió!”.
No voy a cambiar mi playlist ni empezar a seguir la música de Bad Bunny ni la que está de moda. Me quedo con la que me gusta, que no es mejor ni peor: pero es la mía. Pero tampoco voy a olvidar que un cantante al que casi no conocía consiguió que escribiera estas líneas.
Al final, eso es el arte: o te hace sentir o no. Y si a ti no te mueve, no hay ninguna necesidad de pararte por encima de los demás para decirlo.
Ricardo Arenas
9 febrero 2026