jueves, 21 de mayo de 2026

Galapagos, el timón sin rumbo

Galápagos: el timón sin rumbo…


 

Mi postura de vida en estas islas es clara: Galápagos es de todos, pero no todos los que estamos aquí debemos estar. La prioridad absoluta es la naturaleza conservada, aunque hay aspectos que afectan la calidad de vida y que no puedo callar.

 

Ver a personas detenidas con iguanas marinas en sus maletas produce indignación legítima. Pero lo que sigue es predecible: carta bien elaborada del aeropuerto local exaltando sus sistemas de control, declaraciones enérgicas de la ministra de Ambiente, promesas de acciones drásticas. El problema es que esas iguanas salieron por el aeropuerto, ante empleados y funcionarios. No entraron solas a las maletas. La indignación institucional después del hecho no reemplaza la prevención que debió existir antes.

 

Somos demasiados en las islas, y seguimos creciendo. El sistema eléctrico está colapsando sin señales serias de cambio. Las torres eólicas de Baltra llevan años sin funcionar, sepultadas en un enredo burocrático que nadie termina de resolver. El abastecimiento marítimo no garantiza suministro regular, alimentando un nivel de precios que hace de Galápagos uno de los lugares más caros del país. En ese mismo sistema de control que se proclama riguroso, ingresan sistemáticamente perros de razas de todo tipo, como si las islas fueran un barrio continental. El turismo sostiene la economía, pero su modelo ha ido desplazando al Estado: el centro de decisiones se ha volcado hacia quienes manejan las operaciones turísticas, un espacio cedido que forma parte del desequilibrio actual.

 

Si preguntamos a cada institución responsable, Ministerio del Ambiente, Energía, Subsecretaría de Transporte Marítimo, Parque Nacional, Consejo de Gobierno, Agencia de Bioseguridad, todas tendrán argumentos, explicaciones y bases legales. Y todas publicarán fotos de reuniones describiendo lo mucho que hacen. El problema no es la ausencia de actividad. Es la ausencia de resultados y de un rumbo único, marcado con firmeza por quien tiene la responsabilidad de marcarlo.

 

Galápagos se nos ha ido de las manos. No es responsabilidad de un solo gobierno ni de una administración. Es un problema estructural y acumulado que trasciende gestiones y partidos. El archipiélago tiene “cartas de navegación”, leyes, planes, instituciones, pero ha faltado la voluntad política para cambiar la forma en que se gobierna. Cambiar funcionarios no resuelve nada si el marco sigue siendo el mismo.

 

Lo que necesita Galápagos es diferente. La Ley debe cambiar. El Consejo de Gobierno debe reformarse para que el conocimiento científico, económico y la evidencia técnica marquen las decisiones por encima de los ciclos políticos. El Estado debe fijar límites reales sobre cuántas personas pueden vivir en las islas, revisar los subsidios que incentivan el crecimiento sin control, y poner a los mejores académicos y expertos en manejo ambiental al frente de la región.

 

Si Galápagos no recibe la atención y la intervención que su valor ante el mundo requiere, seguiremos sin rumbo, y podríamos naufragar antes de lo que la propia naturaleza tiene previsto.

No es un llamado al pesimismo. Es un llamado a la urgencia. A este ritmo, en cinco años podríamos perder la batalla más importante: evitar que las especies endémicas cedan terreno de forma irreversible frente a las especies introducidas y la presión humana.

 

Esa batalla, si se pierde, no tiene revancha.

 

Ricardo Arenas

Santa Cruz, 21 de mayo 2026

 

 

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