Galápagos, Las Encantadas. De un espacio abierto al actual control de la navegación.
Casi cinco siglos de tránsito libre, ocupación tardía y control marítimo en el archipiélago (1535-1999)
Pocos lugares del planeta ilustran con tanta nitidez como las islas Galápagos la vieja diferencia jurídica entre “poseer”un territorio y “gobernarlo”. Durante casi cinco siglos, el archipiélago vivió una paradoja: tuvo dueños en el papel, primero el Imperio español, luego la República del Ecuador, mucho antes de que alguno pudiera ejercer autoridad efectiva sobre él. Fue, en el sentido más literal, un espacio abierto, una tierra y un mar por donde piratas, balleneros, náufragos y expediciones circularon libremente, sin pedir permiso a nadie. Y cuando por fin nacieron las leyes para regularlo, aún tardaron décadas en aplicarse realmente en las islas.
Estas son unas líneas sobre cómo ese vacío se fue cerrando, lentamente, hasta convertirse en lo que es hoy: uno de los territorios marítimos más regulados del mundo.
El descubrimiento accidental (1535)
Las Galápagos entraron en la historia europea por azar. En marzo de 1535, fray Tomás de Berlanga, obispo de Panamá, navegaba rumbo al Perú cuando la falta de viento y las corrientes arrastraron su nave hacia unas islas desconocidas. Berlanga las describió como una tierra árida e inhóspita, donde parecía que Dios “hubiera hecho llover piedras”, y reparó en sus enormes tortugas y sus mansas aves.
La Corona española inscribió el hallazgo en sus mapas, hacia 1570 el cartógrafo Abraham Ortelius las rotularía como “Insulae de los Galopegos”, obteniendo así un título nominal sobre ellas. Pero España nunca las pobló ni las guarneció: no había oro, ni agua fácil, ni pueblos que someter.
El archipiélago quedó como una posesión fantasma: con dominium (título) pero sin imperium (autoridad efectiva).
El tiempo del espacio abierto: bucaneros, balleneros y el saqueo de las tortugas gigantes
Ese vacío de poder lo llenaron otros. Durante el siglo XVII, las islas se convirtieron en refugio de bucaneros ingleses que asaltaban los galeones españoles del Pacífico. Allí recalaban para reparar naves, esconder botines y abastecerse de agua y de carne de tortuga. En 1684, el bucanero William Ambrose Cowley levantó la primera carta náutica del archipiélago y bautizó las islas con nombres de nobles ingleses. Por esas aguas anduvo también el célebre William Dampier. Todavía hoy un sitio de la isla Santiago se llama Caleta Bucanero (Buccaneer Cove) en memoria de aquellos años.
Hacia finales del siglo XVIII llegaron los balleneros. En 1793, el capitán británico James Colnett cartografió las islas como base logística para la caza del cachalote, y quedó establecido el famoso barril-correo de Post Office Bay, en Floreana, donde los marineros dejaban cartas para que otra nave rumbo a casa las llevara.
Las aguas del archipiélago se hicieron célebres entre los balleneros como los “Galápagos Grounds”, uno de los caladeros de cachalote más ricos del Pacífico oriental. Con ellos vino la captura masiva de tortugas gigantes, capaces de sobrevivir meses a bordo sin comida ni agua, como fuente de carne fresca, lo que diezmó gravemente varias poblaciones.
Todo este tránsito, durante más de dos siglos, ocurrió sin que nación alguna ejerciera control real, amparado además por el principio de la libertad de los mares (Mare Liberum) que Hugo Grocio (holandés) había defendido en 1609, sosteniendo la libertad de los mares y de la navegación. “El mar es de todos, y es de nadie”
Patrick Watkins: el primer habitante del vacío (1807-1809)
La figura que mejor encarna aquella época sin ley es Patrick Watkins, un marinero irlandés que hacia 1807 quedó abandonado, o se abandonó voluntariamente, en la isla Floreana. Se le considera el primer residente conocido de Galápagos. Watkins sobrevivió cultivando hortalizas en un pequeño valle y cazando, y comerciaba sus vegetales con los balleneros de paso a cambio de ron, de modo que, según las crónicas, pasó buena parte de su estancia ebrio. Hacia 1809 robó un bote ballenero, sometió como esclavos a cinco marineros y zarpó hacia Guayaquil; fue el único de los seis en sobrevivir la travesía.
Su historia, mitad leyenda mitad realidad, resume la condición de las islas, un territorio donde cualquiera podía llegar, instalarse y partir sin rendir cuentas a Estado alguno.
La anexión ecuatoriana de 1832, soberanía nominal
El 12 de febrero de 1832, pocos años después de nacer como república, el Ecuador tomó formalmente posesión del archipiélago. El acto se realizó en nombre del presidente Juan José Flores, y el impulsor y primer gobernador fue el general José de Villamil, que rebautizó el conjunto como “Archipiélago del Ecuador” y estableció la primera colonia en Floreana.
Jurídicamente, la reclamación era sólida, combinaba el principio del “uti possidetis juris”, por el cual las nuevas repúblicas hispanoamericanas heredaban los límites coloniales de España, con un acto de ocupación efectiva mínima. Fue durante esta etapa temprana, en 1835, cuando Charles Darwin visitó las islas a bordo del HMS Beagle y encontró ya un gobernador y una colonia penal.
Sin embargo, tener el título y poder ejercerlo seguían siendo cosas distintas. Es decir, no se ejercía el principio del uti possidetis de facto (posesión de hecho, ocupación efectiva).
Un imperium débil: el espacio abierto persiste (s. XIX- inicios del s. XX)
Durante casi todo el siglo XIX y buena parte del XX, el Ecuador careció de marina, presupuesto y presencia estatal para vigilar un archipiélago situado a mil kilómetros de la costa. La soberanía siguió siendo, en la práctica, más nominal que real. El poder se delegó de hecho en concesionarios privados. El caso más elocuente es el de Manuel J. Cobos, que a finales del siglo XIX gobernó la isla San Cristóbal como un feudo personal, la hacienda azucarera “El Progreso”, con su propia moneda y sus propios castigos, hasta que sus trabajadores lo asesinaron en 1904.
Mientras tanto, las grandes expediciones científicas extranjeras entraban y salían casi a voluntad; la Comisión de Pesca de Estados Unidos con el buque Albatross (1888, 1891), la monumental expedición de la Academia de Ciencias de California (1905–1906), en honor a este se puso Bahía Academia al sur de Santa Cruz, que se llevó miles de especímenes; William Beebe en los años veinte y las expediciones Hancock y Vanderbilt en los treinta. Ninguna necesitaba, en rigor, un permiso: bastaba una cortesía diplomática.
Los colonos europeos de Floreana de los años treinta simplemente desembarcaron y se instalaron. Y como señal de lo tenue del control, el Ecuador llegó a sopesar varias veces vender o arrendar las islas a Estados Unidos y otros paises, atraído este por su valor estratégico frente al Canal de Panamá.
Un siglo después de la anexión, Galápagos seguía siendo, en los hechos, “un Espacio Abierto”.
1942: la base de Baltra y el primer permiso formal
El verdadero punto de inflexión llegó con la Segunda Guerra Mundial. En 1942, el Ecuador autorizó a Estados Unidos a instalar una base militar en la isla Baltra, apodada “The Rock”, para proteger el Canal de Panamá frente a una eventual amenaza en el Pacífico.
El hecho es decisivo desde el punto de vista conceptual, por primera vez, una potencia extranjera tuvo que negociar y obtener la autorización formal del Estado ecuatoriano para operar en Galápagos, mediante un acuerdo bilateral. Ya no se trataba de “llegar y desembarcar”, sino de “pedir y que se concediera”. Nacía, en la práctica, la lógica del permiso.
1952: las 200 millas y el derecho a exigir permiso
El paso jurídico decisivo se dio el 18 de agosto de 1952, con la Declaración de Santiago, firmada por Ecuador, Perú y Chile, que proclamó la soberanía y jurisdicción de estos países sobre las 200 millas náuticas de mar adyacente a sus costas. Con Galápagos, esas 200 millas se proyectaban sobre una inmensa porción del Pacífico oriental.
Este fue el fundamento legal con el que el Ecuador se atribuyó por fin el derecho de exigir autorización a las naves extranjeras, en especial a las flotas atuneras, y de sancionar a quien ingresara sin ella. En las décadas de 1960 y 1970, el país llegó a apresar y multar barcos pesqueros estadounidenses por faenar sin licencia, en episodios conocidos como la “guerra del atún”.
El permiso dejaba de ser teoría para adquirir, por primera vez, verdadera fuerza.
La conservación toma forma en Galápagos (1959-1986)
En paralelo al control marítimo, el Ecuador comenzó a proteger el patrimonio natural del archipiélago. En 1959, coincidiendo con el centenario de El origen de las especies, se creó el Parque Nacional Galápagos, que protegió el 97 % de la superficie terrestre, y se fundó la Fundación Charles Darwin. El Servicio del Parque comenzó a operar de forma efectiva hacia 1968- 1969, justo cuando arrancaba el turismo organizado.
En 1973 (Decreto Ejecutivo N.º 187, del 18 de febrero) Galápagos se convirtió en provincia. En 1978 fue declarado el primer Sitio de Patrimonio Mundial de la UNESCO. En 1984, Reserva de la Biosfera; y en 1986 se creó la Reserva de Recursos Marinos, primer paso hacia la protección del mar que rodea las islas.
El marco marítimo: el Código de Policía Marítima (1960) y el agente naviero
Existía además, dentro de los primeros años de esta etapa en que Galápagos toma forma también para la conservación, un marco jurídico marítimo que en teoría ya regulaba la entrada y la atención de las naves. Su columna vertebral era el Código de Policía Marítima, expedido el 20 de agosto de 1960 (Registro Oficial Suplemento N.º 1202), que otorgaba a las capitanías de puerto, dependientes de la Armada, amplia autoridad sobre todas las embarcaciones, nacionales o extranjeras, dentro de sus jurisdicciones (artículos 2, 31 y 49).
Bajo este régimen y su normativa complementaria regía una regla fundamental: toda nave, sin importar su tamaño, porte o bandera, debía ser atendida a través de un agente o consignatario naviero, un intermediario calificado y responsable ante la autoridad.
Aquí aparecía, sin embargo, una brecha reveladora. Esa obligación se cumplía con normalidad en las aguas territoriales continentales, en los puertos de Guayaquil, Manta o Esmeraldas, pero no en Galápagos.
En el archipiélago, todavía a fines del siglo XX, la letra de la ley y la práctica seguían caminos distintos. El mismo Estado que exigía agente naviero en el continente no lo hacía cumplir en las islas.
El Reglamento de 1980 y los “autógrafos” del Ministerio de Defensa
El control formal de la entrada de embarcaciones extranjeras a Galápagos se ordenó mediante el Reglamento para la Concesión de Permisos a Naves Extranjeras para Visitar con Fines Científicos, Culturales o Turísticos el Mar Territorial, las Costas e Islas del Archipiélago de Galápagos, expedido por el presidente Jaime Roldós Aguilera mediante Decreto Ejecutivo N.º 812 y publicado en el Registro Oficial N.º 346 del 29 de diciembre de 1980. Esta norma encargó al Ministerio de Defensa Nacional, a través de la Armada, la facultad de conceder los permisos de ingreso, conocidos como “autógrafos”.
Desde su entrada en vigor, en 1981, toda nave extranjera, un buque científico, un velero, un yate privado, requería, en principio, un autógrafo para navegar y recalar en el archipiélago. Y en efecto, entre 1981 y 1997 las naves ingresaban a Galápagos amparadas en este permiso.
Pero el permiso de ingreso resolvía solo una parte del problema. Una vez que la nave llegaba a las islas, era atendida directamente por las capitanías de puerto, o por personas que viajaban desde el Ecuador continental para asistir a las embarcaciones, sin que existiera un agente naviero local, calificado y permanente que coordinara la visita conforme a la ley. Los grandes yates extranjeros, muchos de ellos de millonarios y visitantes de alto perfil, llegaban y eran gestionados de manera improvisada.
En ese periodo, las únicas normas que verdaderamente se iban ajustando con el tiempo eran las del Parque Nacional Galápagos. El resto del ordenamiento marítimo seguía aplicándose de forma incompleta en las islas.
El régimen se modernizaría poco después con el Reglamento a la Actividad Marítima (Decreto Ejecutivo N.º 168, de 1997), que actualizó el marco general de la actividad naviera del país.
1998-1999: la Ley Especial y la primera agencia naviera de Galápagos
El punto de quiebre definitivo llegó a finales de la década de 1990, y coincidió con dos hechos simultáneos. En lo normativo, la Ley Especial de Galápagos (Ley de Régimen Especial para la Conservación y el Desarrollo Sustentable de la provincia de Galápagos) de 1998 creó la Reserva Marina de Galápagos, extendió la protección a las 40 millas náuticas y consolidó un régimen especial de control para todo el archipiélago. En lo institucional y práctico, en 1998 se constituyó la primera agencia naviera de Galápagos, de hecho SERVIGALAPAGOS, del autor de este escrito, que comenzó a operar a inicios de 1999.
El aporte de esa agencia fue, precisamente, exigir el cumplimiento de la ley que existía pero no se aplicaba en las islas: la obligatoriedad de que toda nave fuera atendida a través de un agente naviero calificado.
A partir de entonces, la coordinación y la atención de las embarcaciones extranjeras dejaron de recaer directamente en las capitanías de puerto o en personas no calificadas, y pasaron a manos de un agente local responsable, como corresponde a cualquier puerto del mundo.
Fue el momento en que Galápagos, por fin, empezó a atender a sus visitantes marítimos bajo las mismas reglas que regían en el resto del país. Desde ese punto de partida, las instituciones locales fueron construyendo progresivamente los mecanismos de control y las formas de regulación de las visitas que rigen hasta la actualidad.
Reflexión final
La historia del control marítimo de Galápagos, vista con perspectiva, es la de una idea jurídica que se ha ido haciendo en movimiento, “evolucionando”. El paso del título nominal, “el dominium” del papa y de los imperios, con el que todo empezó en 1535, al principio moderno de la ocupación efectiva y; finalmente, al cumplimiento real de la ley.
Las islas recorrieron ese camino de forma tan clara que parecen un caso de manual. De tierra de nadie a posesión fantasma; de posesión fantasma a soberanía nominal; de soberanía nominal a territorio con leyes; y de un mar de tránsito libre a un mar donde la entrada y la atención de las naves por fin se rigen por la ley.
Lo revelador es que el último tramo, el que convirtió una norma escrita en una práctica efectiva, no lo cerró un decreto lejano, sino la decisión, ya en el umbral del siglo XXI, de exigir que en Galápagos se cumpliera lo que en el resto del país era rutina.
Lo que durante casi quinientos años fue un mar de tránsito libre, navegado sin pedir permiso a nadie, es hoy uno de los espacios de navegación más regulados y vigilados del planeta, donde ninguna nave entra ni es atendida al margen de la ley.
Ricardo Arenas P.
Puerto Ayora, 14 de agosto 2026
SERVIGALAPAGOS S.A.
Fuentes y base legal
• Christophe Grenier, Conservación contra natura. Las Islas Galápagos, Ediciones Abya-Yala, Quito, 2007 (ed. original en francés: Conservation contre nature. Les îles Galápagos, IRD Éditions, París, 2000). Obra de referencia que motivó e inspiró este artículo.
• Código de Policía Marítima — expedido el 20 de agosto de 1960, Registro Oficial Suplemento N.º 1202 (atribuciones de las capitanías de puerto sobre naves nacionales y extranjeras).
• Reglamento para la Concesión de Permisos a Naves Extranjeras para Visitar con Fines Científicos, Culturales o Turísticos el Mar Territorial, las Costas e Islas del Archipiélago de Galápagos — Decreto Ejecutivo N.º 812 (presidente Jaime Roldós Aguilera), Registro Oficial N.º 346 del 29 de diciembre de 1980. Establece los permisos de ingreso (“autógrafos”) concedidos por el Ministerio de Defensa Nacional a través de la Armada.
• Reglamento a la Actividad Marítima — Decreto Ejecutivo N.º 168, 1997.
• Ley de Régimen Especial para la Conservación y el Desarrollo Sustentable de la provincia de Galápagos (Ley Especial de Galápagos), 1998 — creación de la Reserva Marina de Galápagos (40 millas náuticas).
• Declaración de Santiago sobre las 200 millas de mar territorial, 18 de agosto de 1952 (lhistoria.com; derechoecuador.com).
• Galápagos Conservancy — History of Galápagos y Timeline of the Galápagos Marine Reserve (galapagos.org).
• Patrick Watkins (sailor) — Wikipedia; Galapagos Conservation Trust.
• Historia de Galápagos — ecuadorgalapagosinfo.com (anexión de 1832; provincia, Decreto N.º 187 de 1973).
• “The Rock: Galápagos during World War II” — base de Baltra, 1942 (galapagosislands.com).